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viernes, 20 de mayo de 2011



¿Puede un panfleto de una docena de páginas ser el germen de una “revolución”?

Supongo que cada generación tiene la “revolución” que se merece. La nuestra, como todo lo que nos rodea, es quizás una “revolución”-basura.

¿Cómo eran antes las “revoluciones”? ¿Cuál es el contraste a esta basura? No lo sé.

¿Una "revolución" Nocilla?

Ahora que Marx es un superventas, con tapa blanda en edición de bolsillo. Ahora que un periódico de tirada nacional lo regala con un pela-ajos.

Ahora que disfrutamos en y con la basura, haremos una “revolución” pop, con un máximo de 140 caracteres (con espacios).

Las comparaciones son odiosas.

Toda generación quiere vivir su “revolución”, tiene derecho a vivirla. La revolución del 17, la francesa, la "revolución" del pela-ajos o los frigoríficos no-frost.

Menos mal que estamos muy formados, muy formados en la basura, por la basura, inmediata. ¿La marca en nuestra frente es la de Caín? ¿Somos el sistema, ya no hay donde huir?

Quizás también podríamos hablar del derecho a la violencia, ¿o no? Creo que no, de eso mejor no hablar.

¿No?

Vivamosla.

jueves, 7 de abril de 2011


La barca de Lampedusa

jueves, 30 de septiembre de 2010








Salvajes, habéis convertido un día para la reivindicación en un día para la violencia gratuita... sois muy malos.

Grupúsculos de desalmados han quemado el corazón de la urbe. Eso no es parte de la huelga general? Me explican por qué? Como ha de ser una huelga general? Como hemos de ir vestidos, que pancarta hemos de llevar, como nos hemos de comportar?

Como tienen que explicar los abuelitos a sus nietos que ese día no hay bocadillo de Nocilla? Porque no puede un abuelito soltar un soplamocos al nieto y quemarlo enfrente del Bershka? Porque? Y como tienen que hacer huelga los no afiliados, ni a la burra blanca ni a la negra, los que no viven la vida de Candido Mendez, ni tienen sus objetivos, ni posiciones… los que no han tomado nunca un vino con el presidente. Como tienen que protestar? De que tienen que informar en los piquetes?

No es violencia gratuita, para Levi’s no será gratuita.

Porque el país habla de estética antisistema? Ahora esa estética evolucionara, al fusionarse con los pantalones de la violencia no gratuita en la tienda de Levi’s? Que estética tendrán ahora los antisistema? Podremos reconocerlos? Seguirán colándose en el metro o en el bolsillo de los Levi’s vienen ya billetes T10 a precio de saldo?

Esto sujetos aprovechan la protesta para generar violencia? Para que la aprovechan los sindicatos, para generar pereza? Para generar vergüenza? Los piquetes oficiales no son ni violentos, ni informativos, son leche desnatada, café descafeinado, cerveza sin alcohol, vaga de mierda.

Si la violencia es gratuita será porque no pierden nada, de la nada en que están a la próxima nada. La sede del antiguo Banesto no había que haberla ocupado, había que haberla quemado… o hacerla estallar. Pero ya no se puede volar por los aires un edificio sin que te tachen de terrorista, sin que te graben 15 cámaras y te pongan en un videoclip en el telediario de la sexta. Ya no podemos practicar el terrorismo o qué? Ya no podemos atacar?

Los secretarios generales de las siglas de mierda nos dirán que ha sido un éxito, seguimiento general… sentimiento general de “que cojones decís”, si lo vimos todos, que fue una santa mierda… y solo se habla de un coche de policía ardiendo… cuando ni siquiera se comieron a un guardia, que hubiera sido lo más lógico y nutritivo. A ver si un puto día podemos alumbrarnos con coches de policía ardiendo, con oficinas de la caixa ardiendo, con ruinas de ruinas de sus ruinosos lamentos… y que vivan la cucarachas donde nosotros solo estamos muriendo.



domingo, 4 de abril de 2010


















Muerte a la razón castrante. Ciudadanos incívicos unidos.

domingo, 27 de diciembre de 2009


Insistimos en delegar poderes. Los niños son el futuro, siempre lo han sido. Dejemos de creer en ellos. Mente que no ve… Nada es inocente. La escritura, el lenguaje, el día a día.

Se insiste en hablar de instinto maternal. Cuando un ser humano protege a otra especie amenazada de peligro, lo llamamos compasión, pero cuando lo hace por ejemplo una ballena lo llamamos instinto. Apelamos a las profundidades, al purismo, cuando interesa sentirse inocente, entonces sí.

Procread, multiplicaos y llenad la tierra. Plantar un árbol, escribir un libro… ¿tener un hijo? Y al hacerlo nos sentimos inocentes, tan inocentes como sumisos debiéramos sentirnos.

La maternidad no es un instinto, ni es nada. Calmara las ansias de plenitud de unos cuantos, confirmara la sumisión de otros tantos, delegaremos egoístamente todos juntos. Insatisfechos seguirán, todos, sin solución. También se confió en nosotros, para salvar-guardar, contradictoriamente, la sangre de nuestra sangre y el mundo de los de enfrente. El infierno son los otros, quizás ya solo por eso la adopción me parece diferente, sin tanta usura.

Llenar vacios con sangre, atrofia existencial. Castración social, sobreexposición de la mujer al tótem de la reproducción.

Hoy la purpura en las calles un año más. Les deseo lo peor, que los devoren las llamas, y tan solo quede la purrela, de lo que fueron, son y serán. El nudo de serpiente de los lazos de sangre, ya deshecho.

"Familias ¡Cómo las odio! ¡Usureras del amor!"

¡Pobre Puta, se te acabó la fiesta!

sábado, 12 de diciembre de 2009


A veces pienso en el fin del asfalto. La última baldosa, el último adoquín, el fin del césped artificial, la ultima acera, el último camino, el fin de la carretera. Imaginarme el fin de la ciudad, como una frontera. Enjuiciamos odiosamente la presencia de palomas, ratas, cucarachas y demás….mientras pisamos asfalto-baldosa-adoquín-acera-carretera-madera. Fue el hombre quien se acerco a la paloma, la urbanizo y ahora la deplora. Soy yo el que a veces siente un extraño rechazo hacia el suelo, lo encuentro “impuro”, artificial, potencialmente odioso. No sé, cosas.

martes, 16 de junio de 2009

Salud


Estoy en medio del periodo liminal, ahora soy un sujeto ambiguo, indeterminado, fuera de toda clasificación estructural. Si todo va bien en muy poco tiempo, siguiendo su juego, dejare de ser este alguien para convertirme en otro. Me van a conferir un estatus, jaja, voy a ser un licenciado!!!!!

Me despido temporalmente de Trobriand, me alejo de las computadoras.

Gu gazteok gaur gabiltza
mundu galdu honetan,
gerra bat barruan degula
zer egin jakin gabe.

Gurasoen mundu aldreves hau
ez dugu onartzen,
diruaren morroi izaten
erakutsi digute.

Ilunpe horrek
bakardade galduan utzi gaitu;
Argirik gabeko bideak
etorkizunik ez du.

Bizimodu lasai bategatik
idealak galdu.
Bizitzaren gauza ederrenak
dizkigute zapaldu.

Gizonak kartzelan daude
beren herriagatik.
Jainkoak beharko du lagundu
guk ahaztu baditugu.

Maitasun hitzak nahi nituzke esan
baina gaur ezin dut;
Gure bide galduak
kalte hau ekarri dit.
...
Los jovenes caminamos hoy
en este mundo extraviado,
con una guerra en nuestro interior
sin saber como actuar.

Este trastornado mundo de nuestros padres
no lo aceptamos,
a ser criados del dinero
es lo que nos han enseñado.

Esa oscuridad
nos ha dejado en profunda soledad;
El camino sin luz
no tiene futuro.

Por una vida tranquila
se han perdido los ideales.
los aspectos mas hermosos de la vida
nos han pisoteado.

Los hombres estan en la carcel
por su pueblo.
dios los tendra que ayudar
si nosotros los hemos olvidado.

Quisiera decir palabras de amor
pero hoy me es imposible;
Nuestro camino perdido
me ha traido este mal.

jueves, 7 de mayo de 2009



- ¿Ha terminado el concierto?

- Creo que sí, pero no lo sé.


Cuando llega el final de un concierto de Sokolov, cada bis habla de Eternidad. Acabas viviéndolo en pie, la gente atraviesa las puertas con el aplauso aun en la mano. Y una vez que decides marcharte, nunca sabes si es realmente el final. Por ello respondes con miedo; sin afirmarlo con rotundidad, que crees que ha acabado, pero vete tú a saber. Te gustaría quedarte agazapado en la butaca, esperando a que Sokolov regrese a eso de las 2 de la madrugada con una nueva propina…

¿A este hombre nadie le espera? Te preguntas. Igual es que al resto nos esperan demasiados… incluso teléfonos apagados. Sokolov hace perder metros, buses nocturnos… La Usura del amor nos aleja de la tecla…

………………..


En soledad llega un momento en que percibo, y siempre me asombra, la economía del lenguaje. Que se contagia a la economía del gesto, y termina en un rictus en Do.


Todos se besan a mí alrededor. Y me dan asco y…¿envidia? ¿Una envidia asquerosa, una asquerosa envidia?


El llego al punto de leer lo que esa hoja cayendo le tenía que decir.


Tras el parpadeo te habían cambiado.


El hombre sin atributos se ahogo en un charco de acedia.


El niño pregunto al anciano ¿Tú querías ser esto de mayor?


Echó la moneda del amor y le salió la cara del miedo.


Un paréntesis en el desierto es un segundo en el metro.


¿Amamos sin la demora de la reflexión, ahogados en la preconciencia?


La música fue hecha para los ciegos.


La apariencia vale más que el interés; aparenta que te interesa. La apariencia por encima de la vida, aparenta estar vivo.


La alegría es un sentimiento contrarrevolucionario.


Esa luz de la que tanto hablas ¿no será tu voz en llamas? Apágala y adopta la monstruosa transfiguración de la vela.


Ya siento las ratas en la garganta.


Movido por el sueño, eyaculo en los lazos de sangre esperma de fresa.


Resulto que ella tenía un erizo en la vagina.

lunes, 4 de mayo de 2009

La acedia ¿Un estado mental que el destino nos ha impuesto?

Cada ocupación creaba una forma de ser. “Hoy somos todos iguales, mancomunados por nuestra apatía compartida hacia el trabajo. Esa apatía se ha tornado una pasión. La única gran pasión colectiva de nuestro tiempo.” El trabajo ya no ofrece una respuesta, y cuando parece serlo, es apenas un vano intento de huir del tiempo...

"Il senso della vita non era un problema, era un qualcosa che li accompagnava, in modo del tutto naturale, nelle loro botteghe, nei loro campi. A ogni mestiere corrispondeva una mentalita specifica, uno specifico modo di essere. Un medico pensava in modo diverso da un contadino, un militare si comportava in modo diverso da un insegnante. Oggi invece siamo tutti uguali, tutti accomunati dall'indiferenza verso il nostro lavoro. E questa indifferenza e diventata una passione. La sola grande passione collettiva del nostro tempo"

-Milan Kundera - L'identita-

Los cenobitas de la Tebaida se hallaban sometidos a los asaltos de muchos demonios.
La mayor parte de esos espíritus malignos aparecía furtivamente a la llegada de la noche. Pero había uno, un enemigo de mortal sutileza, que se paseaba sin temor a la luz del día. Los santos del desierto lo llamaban daemon meridianus, pues su hora favorita de visita era bajo el sol ardiente. Yacía a la espera de que aquellos monjes que se hastiaran de trabajar bajo el calor opresivo, aprovechando un momento de flaqueza para forzar la entrada a sus corazones. Y una vez instalado dentro, ¡qué estragos cometía!, pues de repente a la pobre víctima el día le resultaba intolerablemente largo y la vida desoladoramente vacía. Iba a la puerta de su celda, miraba el sol en lo alto y se preguntaba si un nuevo Josué había detenido el astro a la mitad de su curso celeste. Regresaba entonces a la sombra y se preguntaba por qué razón él estaba metido en una celda y si la existencia tenía algún sentido. Volvía entonces a mirar el sol, hallándolo indiscutiblemente estacionario, mientras que la hora de la merienda común se le antojaba más remota que nunca. Volvía entonces a sus meditaciones para hundirse, entre el disgusto y la fatiga, en las negras profundidades de la desesperación y el consternado descreimiento. Cuando tal cosa ocurría el demonio sonreía y podía marcharse ya, a sabiendas de que había logrado una buena faena mañanera.

A lo largo de la Edad Media este demonio fue conocido con el nombre de acedia. Aunque los monjes seguían siendo sus víctimas predilectas, realizaba también buen número de conquistas entre los laicos. Junto con la gastrimargia, la fornicatio, la philargyria, la tristitia, la cenodoxia, la ira y la superbia, la acedia o taedium cordis era considerada como uno de los ocho vicios capitales que subyugan al hombre. Algunos desacertados psicólogos del mal suelen hablar de la acedia como si fuera la llana pereza. Mas la pereza es tan sólo una de las numerosas manifestaciones del vicio sutil y complicado que es la acedia. Al hablar de ella en el «Cuento del clérigo», Chaucer hace una descripción muy precisa de este catastrófico vicio del espíritu. «La acedia», nos dice, «hace al hombre aletargado, pensaroso y grave». Paraliza la voluntad humana, «retarda y pone inerte» al hombre cuando intenta actuar. De la acedia proceden el horror a comenzar cualquier acción de utilidad, y finalmente el desaliento o la desesperación. En su ruta hacia la desesperanza extrema, la acedia genera toda una cosecha de pecados menores, como la ociosidad, la morosidad, la lâchesse1, la frialdad, la falta de devoción y «el pecado de la aflicción mundana, llamado tristitia, que mata al hombre, como dice San Pablo». Los que han pecado por acedia encuentran su morada eterna en el quinto círculo del Infierno. Allí se les sumerge en la misma ciénaga negra con los coléricos, y sus lamentos y voces burbujean en la superficie:

Fitti nel limo dicon: «Tristi fummo

nell’aer dolce che dal sol s’allegra,

portando dentro accidioso fummo;

Or ci attristiam nella belletta negra».

Quest’inno si gorgoglian nella strozza,

chè dir nol posson con parola integra.2

La acedia no desapareció con los monasterios y la Edad Media. También el Renacimiento hubo de sometérsele. Podemos hallar una copiosa descripción de los síntomas de la acedia en la Anatomía de la melancolía de Burton. Los efectos de las maquinaciones del demonio del mediodía se conocen hoy como «los vapores»3 o el spleen. El cordial Matthew Green4, de la Oficina de Aduanas, dedicó al spleen los ochocientos versos octosílabos que son su apuesta por la inmortalidad. Para él se trata de una simple enfermedad que puede curarse con una dieta blanda:

¡Salve! Oh atole de agua,

gran potencia curativa

al alcance de los pobres

o también por medio de la risa, la lectura y la compañía de muchachas sencillas:

Madres y tías vigilantes,

frenen sus quejas impías

para formar la honradez,

no consagren tanto gasto,

tanto arte a desflorar

un corazón virginal

también al esquivar las pasiones partidistas, la bebida, a los disidentes, a los misioneros —especialmente a estos últimos, cuyas empresas el señor Green nunca suscribió:

Yo me burlo del spleen

y guardo bien mis dineros,

pues no los mando a arruinar

la inocencia de los indios

y también al evitar tanto los pleitos legales como el escribir poesía y el pensar acerca del futuro del propio patrimonio.

The Spleen fue publicado en la década de 1730. La acedia era por entonces, si no un pecado, por lo menos una enfermedad. Pero el cambio estaba ya a la puerta. Aquel «pecado de la aflicción mundana, llamado tristitia» se volvió una virtud literaria, una moda espiritual. Los apóstoles de la melancolía unieron al unísono sus débiles cornamusas, y los Hombres Sensibles se echaron a llorar. Vino entonces el siglo XIX y el romanticismo, y con ellos el triunfo del demonio del mediodía. La acedia en su forma más complicada y mortífera —una mezcla de hastío, tristeza y desesperación— era ahora motivo de inspiración de los mayores poetas y novelistas, cosa que sigue siendo a la fecha. Los románticos denominaron este horrible fenómeno como mal du siècle. El nombre era lo de menos; lo que nombraba seguía siendo lo mismo. El demonio del mediodía tuvo muchos motivos para sentirse satisfecho durante el siglo XIX pues, como dijo Baudelaire,

L’Ennui, fruit de la morne incuriosité

Prit les proportions de l’immortalité.5

Curioso fenómeno éste, el progreso de la acedia, que de ser un pecado mortal sujeto a condena eterna pasa a ser primero una enfermedad y luego una emoción esencialmente lírica, fructífera en la inspiración de gran parte de la literatura moderna más notable. El sentimiento de la futilidad universal, las sensaciones de aburrimiento y de desesperación, con el deseo complementario de hallarse «en algún lugar fuera de este mundo», o por lo menos fuera del lugar en el que uno está en ese preciso momento, han dado inspiración a la poesía y a la novela por más de un siglo. Habría sido inconcebible en tiempos de Matthew Green escribir un poema en serio sobre el hastío, mientras que en tiempos de Baudelaire, el hastío era un tema tan apropiado para la poesía lírica como podía serlo el amor; y la acedia subsiste aún entre nosotros como inspiración, como uno de los temas literarios más serios, intensos y profundos. ¿Qué significa esto? Si es evidente que el progreso de la acedia es un acontecimiento espiritul de considerable importancia, ¿cómo explicarlo?

El siglo XIX no inventó la acedia. El aburrimiento, el desánimo y la desesperación han existido siempre, y han sido padecidos con igual intensidad en el pasado que en la época actual. Pero algo ocurrió que hizo a estas emociones respetables y dignas de confesarse públicamente; ya no son pecaminosas ni se les considera meros síntomas de una enfermedad. Ese «algo» que ha ocurrido es simplemente la historia a partir de 1789. El fracaso de la Revolución Francesa y la aún más espectacular caída de Napoleón plantaron la acedia en el corazón de todos los jóvenes de la generación romántica —no sólo en Francia sino en toda Europa—, quienes creían devotamente en la libertad o cuya temprana juventud se intoxicó con la ideas de gloria y genio. Luego vino el progreso industrial con su pródiga multiplicación de inmundicias, miserias y riquezas mal habidas; la profanación de la naturaleza bajo la industria moderna bastó de por sí para apesadumbrar a muchas mentes sensibles. El descubrimiento de que la emancipación política, por la que tanto y tan obstinadamente se había luchado, resultaba ser simple fruslería y vanidad mientras que la servidumbre industrial se enseñoreaba, fue otra de las terribles desilusiones del siglo.

Causa más sutil del triunfo del hastío fue el desproporcionado crecimiento de las ciudades. Acostumbrados ya a la vida ferviente en esos contados centros de actividad, los hombres hallaron que la vida fuera de la urbe les resultaba intolerablemente insípida. Y al mismo tiempo se agotaban a tal grado por la agitación de la vida urbana que terminaban prendándose del monótono hastío de la provincia, de las islas exóticas e incluso de otros mundos —cualquier puerto de reposo era bueno. Y para coronar esta vasta estructura de fracasos y desilusiones, llegó la espantosa catástrofe de la Guerra del 14. Otras épocas han sido testigos de desastres y han padecido desilusiones; pero en ninguna otra centuria las desilusiones se sucedieron a tal velocidad y sin intervalo como en el siglo XX, por la simple razón de que nunca antes el cambio había sido tan rápido y profundo. El mal du siècle era un mal inevitable; de hecho, podemos presumir con cierto orgullo que tenemos derecho a nuestra acedia. Para nosotros no es un pecado o un padecimiento de hipocondriacos; es un estado mental que el destino nos ha impuesto.

Aldous Huxley - La acedia

*Orrin Klapp exploró el impacto de la información en la calidad de vida de la cultura contemporánea. En Overload and Boredom: Essays on the Quality of Life in the Information Society”, Klapp sostiene que, pese a todos sus esfuerzos para escapar de ese destino, la sociedad de la información se ha tornado una cultura tan saturada de pseudoconocimientos como aburrida. De la metralla constante de flashes “en vivo y en directo”, resulta un desgaste del sentido. El ruido y la redundancia, añade, reemplazaron la resonancia y la diversidad del mundo nacido de la Ilustración. Así pues, traicionando los ideales dieciochescos, en lugar de emular el Progreso, la sociedad de la información se ha vuelto entrópica, desordenada, de lo que resulta un déficit en la calidad de vida.

*
Cómo se nos habrá hecho carne que hasta Kierkegaard hace del aburrimiento la piedra fundacional de la Creación, imaginando que “los dioses estaban tan aburridos que entonces crearon a los seres humanos”. No sólo los dioses. También “Adán estaba aburrido porque estaba solo, entonces crearon a Eva. Desde entonces, el aburrimiento ingresó en la Creación”. Nietzsche no le fue en zaga cuando, con su demoledor sarcasmo, sugirió que en su descanso sabatino Dios se habría aburrido espantosamente. Y Kant aportó lo suyo cuando, a modo de consuelo del devenir de la historia misma, advirtió que, de permanecer en el Paraíso, Adán y Eva se habrían aburrido soberanamente

La epidemia del aburrimiento -
Diana Cohen Agrest (http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/01/17/la-epidemia-del-aburrimiento/)

miércoles, 29 de abril de 2009













Todos somos polvo de estrellas.
Haz el favor de embadurnarme con tu nadería antes de que las hormigas, que predicen la muerte, adviertan mis necromonas.

sábado, 25 de abril de 2009

¿Qué meditaría San Agustín si viajando por el túnel del tiempo se encontrara súbitamente dentro del vagón de nuestro tiempo del tiempo en el túnel, encofrado entre falsos perfumes orientales y demasiado reales sudores occidentales, más otros empujones de procedencia indefinida? Para él, que decía que el tiempo sólo existe cuando se piensa, ¿hay espacio suficiente para pensar el tiempo en el túnel?

La intuición humana sobre el paso del tiempo viene dada por el movimiento aparente de los astros y el paso de las estaciones: la vida en el poblado durante la estación de lluvias y la instalación de los campamentos en la estación seca; la vida abierta de campos llenos de gente y gritos en verano y la reclusión cerca del fuego en invierno. Pero en nuestros apresurados ires y venires por el subsuelo, nada externo a nosotros nos hace pensar que el tiempo exista. Si acaso, existe sólo en nuestra propia y calladamente sufrida indeterminación. Esas miradas perdidas en la nada que inundan los vagones del metro son los únicos astros del tiempo en el túnel.

Dentro del túnel no hay paisaje ni horizonte. Las miradas se rehuyen. Todo cuelga en un letargo a la espera de otra estación y después otra más y otra. Las estaciones se suceden inmutablemente sin lluvias ni tormentas de arena. NO PASA NADA. A decir verdad, nada se sabe de ese tiempo vacío de acontecimientos: no hay duración sin acontecimientos. Pero cuando por fin se oye la señal acústica y las puertas se cierran... entonces somos presas del tiempo en el túnel del tiempo. Lo cotidiano suena con sordina, el tiempo en el túnel estalla, se agria, se corta, se vuelve ácrono. Sin duda lo más extraño acerca del tiempo siempre fue que tuviéramos tal concepto. Aún así, dentro del túnel caben tantas temporalidades como individuos y lo único común a todas ellas es su indeterminación: indetermindas en su procedencia; indeterminadas en su destino; indeterminadas, por supuesto, en su instante, pues hay túneles tremendamente interminables y otros que no son nada. Un vagón desplazándose dentro del túnel no es más que un haz de indeterminaciones temporales paradas. Nadie conoce con precisión los límites de su propia temporalidad porque no existen, porque su temporalidad está compuesta por demasiados relojes que no controla. No ya la propia vida, pues a cada rato alguien se tira al metro, sino simplemente la duración de una camisa limpia, de un contrato laboral, de un permiso de residencia, de una relación amorosa, de una posibilidad hipotética... Nadie, dentro del túnel del tiempo en el túnel, está en disposición de determinar su tiempo y menos aún de remover entre ese amasijo de temporalidades indeterminadas y amorfas que carga y sacude el vagón de un lado para otro. En el túnel nadie sabe ni contesta, todos callan y aguardan, un mendigo pasa resbalando entre la gente como gota de mercurio. No hay reloj, ni compás, ni circunstancias. En el túnel, el tiempo no es ya poco y malo: no hay ya tiempo que baste para complacer la avidez de tiempo en el túnel.

lunes, 20 de abril de 2009

El que sueña de noche es inofensivo porque simplemente mantiene su salud mental. El que sueña de día es un iluso porque persigue utopías inalcanzables. Sólo el que durante la noche está despierto da miedo. Pero la política nocturna está aún por inventar.

"Ninguem chora uma lágrima sobre un e-mail"

viernes, 17 de abril de 2009
















A mi me ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas,
hablo a cada rato
de gente ya olvidada,
de calles lejanísimas
con farolas a gas,
de amaneceres húmedos
de huelgas de tranvías.

A mi me ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas,
canto horriblemente,
no dejo de beber
y al poco estoy peleando
por cualquier tontería,
yo que yo ya arrancaba
a que me viera el médico
pues si no un día de éstos
en un lugar absurdo
en un parque, en un bar
o entre las frías sábanas
de una cama que odies
me pondre a pensar,
a pensar, a pensar
y eso no es bueno nunca...
...porque sin darme cuenta
me ire sintiendo solo
igual que un perro viejo
sin dueño y sin cadena,
me pondre a pensar,
a pensar, a pensar
y eso no es bueno nunca.

A mi me ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas.

domingo, 22 de marzo de 2009



















AL DORMIR TAN SOLO SOÑAMOS con dos formas de gobierno -anarquía y monarquía-. La raíz primordial de la conciencia nunca juega limpio ni entiende de política. ¿Un sueño democrático? ¿Un sueño socialista? Imposible.

Ya traigan mis REM cuasi proféticas visiones pastorales o mera complacencia vienesa, sólo reyes y salvajes pueblan mis sueños. Mónadas y nómadas.

El pálido día (cuando nada brilla con luz propia) llega furtivo e insinuándose sugiere que nos comprometamos con una realidad triste y opaca. Pero en el sueño jamás nos gobiernan sino el amor o la brujería, que son las habilidades de caóticos y sultanes.
Entre un pueblo que no sabe crear o jugar, sino que sólo sabe trabajar, los artistas tampoco conocen otra elección que la anarquía o la monarquía. Al igual que el soñador han de poseer y de hecho poseen sus propias percepciones, y por ello han de sacrificar lo meramente social a una "musa tiránica". El arte muere cuando se lo trata "con justicia". El arte ha de gozar del salvajismo de un troglodita o si no le ha de llenar la boca de oro algún príncipe. Los burócratas y el personal de venta lo envenenan, los profesores lo mastican y los filósofos lo escupen. El arte es una especie de barbaridad bizantina sólo apta para nobles y paganos.

Si hubieras conocido la dulzura de la vida como poeta en el reino de algún corrupto, decadente, inepto y ridículo pachá o emir, de un sha de Qajar, de un Rey Farouk, de una Reina de Persia, sabrías que esto es todo lo que cualquier anarquista ha de desear. ¡Cómo amaban los poemas y pinturas, esos opulentos tontainas muertos, como absorbían todas las rosas y brisas frescas, todos los tulipanes y laúdes!
Detestar su crueldad y capricho, sí -pero al menos eran humanos-. Los burócratas, sin embargo, los que embadurnan las paredes de la mente con mugre sin olor -tan amables, tan gemutlich- los que contaminan el aire interior con anodinia, esos no son ni merecedores de odio siquiera. Apenas existen fuera de las ideas sin sangre a las que sirven.

Y además: el soñador, el artista, el anarquista ¿es que no comparte algún tinte de capricho cruel con el más infame de los mogoles? ¿Puede la verdadera vida ocurrir sin alguna locura, algún exceso, sin algún asalto de "lucha" heracliteana? Nosotros no gobernamos -pero no podemos ni seremos gobernados-...

El anarquismo clásico del siglo XIX se definió en su lucha contra la corona y la iglesia, y por tanto a un primer nivel de conciencia se define como igualitario y ateo. La retórica obscurece, en cualquier caso, lo que ocurre realmente: el "rey" se convierte en "anarquista", el "sacerdote" en un "hereje". En este extraño dúo de mutabilidad el político, el demócrata, el socialista, el ideólogo racional no tienen cabida; están sordos a la música y les falta todo sentido del ritmo. El terrorista y el monarca son arquetipos; los demás son meros funcionarios...

Si estamos vinculados a alguna ética o moral ha de ser la que nosotros mismos hayamos imaginado, fabulosamente más exaltada y más liberadora que el "ácido morálico" de puritanos y humanistas. "Sentíos como un dios", "vos lo sois."
Las palabras monarquía y misticismo se usan aquí en parte pour épater simplemente a aquellos anarquistas iguali-ateos que reaccionan con pío horror frente cualquier mención de pompa o creencia supersticiosa. ¡Que no haya revolución con champan para ellos!

martes, 10 de febrero de 2009






















Los niños nacen muertos y son despertados a la vida por el silencio que sucede al parto. Si bien, existen casos en que una constante de ruido, mantiene al niño sumido en ese eterno olvido de la muerte. De este modo, el niño crece alejado de temores. Aislado en la incomprensión, ajeno a los clamores.

No piensa en dios ni le teme. Se sabe ajena al mundo, innecesaria. Ve llegar las primaveras cuan si muerta estuviera y aun así florecen las flores de la misma manera.

No responde a la llamada del ego, no tiene verdadera conscientia, ni afán de perpetuación, ni deseos ligados a la inmortalidad o la resurrección. ¿Que le ha sido impedida al estar ya muerta? Sangre gnóstica de ingrato recuerdo; ¿primero ha muerto y después ha resucitado? No, primero ha resucitado y después ha muerto. Pues si uno no consigue primero la resurrección no morirá, porque ya estará muerto.

En casa del cobarde no hay llanto. Jamás se alimento de falsía, derrota o humillación. Nada tiene importancia, no late el corazón de hojalata en su luto perpetuo, eterno desvelo.

Se mantiene apenas en superficie, rayando la disolvencia de un mosaico de microscópicos granos de almidón. Ahuyentando imágenes como si fuesen osos merodeando en torno a los despojos. Osos que bajan de las montañas para alimentarse de pasado. Las sobras de los vivos, los que saben vivir en superficie, los que pueden, aun.

Ahora recuerdo el árbol que daba calaveras en agosto. Recuerdo no saber llorar las penas de nuestros muertos. Nunca quise usar esa arma que dispara al futuro cargada de pasado. No la quise usar por desprecio a quienes la usaban. Ahora espero. Y cuando al ciervo le salgan rosas en el rosal de sus cuernos habrá llegado el día de la resurrección de la carne.

Cada uno porta su cruz y la hace cuanquiera pesada. Dentro encuentra el rosal, el poema y la daga.

Desentromentirte hasta el centronco del almima blanca.