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lunes, 8 de junio de 2009

La atenta mirada del ojo mecanico























Una mañana de 1942 Russell Sorgi siguió a un coche de policía en busca de la noticia. Llego al número 530 de la calle principal de Buffalo; al Hotel Genesee. Mary Miller estaba sentada en la cornisa del octavo piso. Tras echar rápidamente un par fotos, Sorgi espero y pudo captar el momento justo de la caída.

Me gusta pensar que la presencia de Sorgi tuvo algo que ver. Que ella le vio desde ahí arriba. Que era el único fotógrafo presente. Que atisbo desde las alturas la presencia del ojo mecánico que le indujo a actuar de acuerdo a las expectativas creadas. Me gusta pensar que le ocurrió lo mismo que a la mujer de Okinawa que nos muestra Chris Marker en Level Five. Las imágenes nos muestran una mujer que se dirige con intención suicida a un acantilado, pero antes de tirarse mira alrededor y quizás presa del arrepentimiento retrocede ligeramente. Sin embargo, en el momento en que sus ojos de cruzan con el objetivo de la cámara esta le condena a muerte y ella cumple con su rol saltando al vacio.

Sorgi se comporta como un profesional. Espera a que Mary llegue al punto más dramático y entonces dispara. El contraste del cuerpo en suspensión, la policía entrando por la puerta y el señor sentado en el café dotan de una potencia enorme a la fotografía.
























Me gusta pensar en el poder inductor de la fotografía. Y el 4 de Febrero de 1912 encuentro un tercer salto ejemplificador (el cual ya vimos antes). Franz Reichelt, era un prestigio sastre francés que decidió (siguiendo los diseño de Leonardo) crear un traje-paracaídas que según decía le permitiría planear tras realizar un salto desde una gran altura. Ese día Franz se decidió a demostrarlo en sus propias carnes saltando desde la Torre Eiffel de Paris. La policía le otorgo el permiso que en un principio las autoridades de la torre le denegaron. El público aguardaba el momento, pero también un cámara se disponía a filmarlo. La escena resulta estremecedoramente patética. Los aproximadamente 40 segundos que preceden al salto se hacen eternos, le rodean las dudas, le empuja la cámara. Reichalt cae violentamente, estampándose contra el suelo. Igual que el muñeco que había utilizado en las pruebas previas.