martes, 6 de enero de 2009























Sucede que la sociedad ha vencido al artista, sabe que lo ha domesticado, lo ha instalado sabiamente en un gran Zoológico de jaulas, de galerias por todo el mundo, cuida a su artista doméstico como animal de granja, lo alimenta, lo mima, con exposiciones y lujosos catálogos, con premios, con becas, con encargos. Para que no moleste y no molestára. Alguien me ha reconocido entre nosotros (creo he sido yo mismo) como el último artista incómodo...

Cartas al principe (Oteiza 1988)

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