
Sucede que la sociedad ha vencido al artista, sabe que lo ha domesticado, lo ha instalado sabiamente en un gran Zoológico de jaulas, de galerias por todo el mundo, cuida a su artista doméstico como animal de granja, lo alimenta, lo mima, con exposiciones y lujosos catálogos, con premios, con becas, con encargos. Para que no moleste y no molestára. Alguien me ha reconocido entre nosotros (creo he sido yo mismo) como el último artista incómodo...
Cartas al principe (Oteiza 1988)
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