Hoy di la mano a la muerte
y vehementemente respete su círculo de tiza.
Vi tirados en el pasillo al jamás y al nunca más.
Abrazados sonreían iluminados por la luz antes presente en su rostro gris, hoy casi inerte.
30 metros de un corredor sembrado de lapidas.
Malsana y agridulce sensación, la crisálida del llanto aun sin formar.
Las manos que buscan contacto, creen poder guardar más y más y más y más...
Y esa frialdad que me condena, comienza a deshabitar. Mintiendo al recordar.
Fotografía; Stanko Abadzic

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