viernes, 11 de septiembre de 2009

Diario de cine de Jonas Mekas - Extractos II



Del 27 de Septiembre de 1962 al 12 de Marzo de 1964

Ya es tiempo para una conmoción. Es tiempo de incendiar los institutos de cine. Las escuelas de cine son para retrasados.

¿Cuál es la suma total del otoño? ¿Cuál es su contenido, su forma, su propósito? Su estilo, ciertamente, tiene unidad ¿Qué significa? Eh, pero ¿Qué significo el verano, con todo su verdor, su sol y sus flores? Fuentes de color rojo y marrón surgirán pronto. Eso es lo que significaba el verano. Y ustedes me preguntan sobre películas. No sé qué significa una película. Estoy más bien buscando alguna luz detrás de ellas, detrás de las imágenes; estoy tratando de ver al hombre. Les diré la verdad; todo lo que he aprendido en mi vida (y he visto muchas películas) se limita a esto: las hojas caen en el otoño. Allí estaré con mi cámara cuando caigan.

O se hacen películas o se hace dinero. Ambas cosas pueden convertirse en obsesiones desproporcionadas. Ambas pueden hacer algo a favor del hombre o en contra del hombre… es fácil ganar dinero si uno se lo propone, y si está escrito en nuestras estrellas. No es tan fácil hacer cine. El arte va hasta en contra de las estrellas. Todos los realizadores necesitan dinero. Toda la gente necesita dinero. Yo he sobrevivido en los últimos cinco años con 400 dólares al año. Ese es el precio de mi independencia.

Sabemos que el arte también puede hacer dinero. Pero no tiene por qué hacerlo. No es eso de lo que se trata. Nosotros mismos contribuimos a distorsionar la experiencia y la comprensión del arte desde su principio, desde el comienzo de nuestro trabajo. El que empieza comprometiéndose acaba comprometido.

Por mucho tiempo he sentido odio hacia el dinero. Pensaba que el dinero era la raíz de todo mal. Luego comprendí que los hombres (vivos y muertos) son la raíz de todo mal; que el dinero es solamente el metal de la tierra.

Sitney y yo estuvimos de acuerdo en que, además de los films americanos, había solamente un realizador genuino en el festival: un austriaco, Peter Kubelka. Tenía un film de noventa segundos, Schwchater, que era una pequeña obra maestra.

El resto de los films competidores europeos, asiáticos y sudamericanos eran anticuados, derivativos, banales, imitativos trabajos de aficionado. Pronto nos dimos cuenta de que una de las razones de esta triste situación era que casi la totalidad de los films eran patrocinados, ya sea por el gobierno, por organizaciones públicas o por compañías de cine… nos dimos cuenta que no comprendían como Smith, Brakhage o Anger podían hacer cine con su propio dinero (prestado, robado, etc), que era posible hacer una película con 100 dólares.

Agnes Varda vino a la proyección de Flaming Creatures en nuestra atestada habitación del hotel. Hizo un intento inmediato de abandonar el cuarto, pero este estaba tan lleno de gente, que no podía irse sin pasar sobre la cabeza de alguien. Se quedo hasta el final, defendiéndose detrás de una pantalla de comentarios ocasionales, risas y expresiones de rechazo.

Una de las mas reveladoras experiencias la tuve durante la exhibición de Flaming Creatures a un grupo de escritores de New York, escritores de clase alta, que escriben por dinero, que esperaban ver otra película pornográfica, nunca he visto reacciones mas violentas, explosiones de furor mas incontroladas. Uno de ellos me amenazo con golpearme. Hubieran visto tan tranquilos una película pornográfica, que era lo que esperaban ver y lo que su anfirtion les había prometido aquella noche, pero no pudieron admitir las fantasías de Jack Smith. Les quito las mascaras y los hizo enfrentarse consigo mismos como solo el arte puede hacerlo. Esa es la diferencia entre el arte y la pornografía.

Como tenía mucho tiempo libre durante el festival, me hice muy amigo de una persona; la hija de Agnes Varda, que tiene cinco años. Nos divertimos mucho juntos. El último día del festival se lo mencione a Varda. Creí que se alegraría. En cambio, vi que se ponía pálida. Por un momento no pude comprender el miedo que vi en su rostro. Pero poco a poco me di cuenta de que me consideraba un maniaco sexual. Después de todo, yo había proyectado aquella sucia película de travestis en mi habitación.

¿Esta muriendo nuestro ojo? ¿O es que ya no sabemos mirar y ver? Hay muchas maneras de liberar el ojo. Se trata más de eliminar varios bloqueos psicológicos que de realmente cambiar el ojo. Los experimentos que Brion Gysin está haciendo en Paris con su máquina de titilación demuestran que sin ayuda de drogas, por medio del parpadeo de una luz…

Escribe Brakhage; “imaginese un ojo libre de las leyes de la perspectiva creadas por el hombre, un ojo que no esta influenciado por la lógica composicional, un ojo que no responde a los nombres de las cosas, sino que debe conocer cada nuevo objeto descubierto en la vida a través de una aventura de percepción. ¿Cuántos colores hay en un campo de hierba para el niño que gatea, ignorante del verde?

Necesitamos un publico que se preste a educar, a dilatar sus ojos. Un nuevo cine necesita nuevos ojos!

3 comentarios:

WORKROOMFILMS dijo...

Gracias
Esto es muy adictivo.
un poco como la cortisona de Bigger than life (es que acabo de verla)

Quememos las escuelas de cine, con sus encuadres y sus saltos de eje.

Qué gracia lo de la hija de Varda. Y comprensible. Con la pinta de viejo verde que se gasta don Mekas; y con sus domingos de vino blanco en el central park, apuntando con su camara a todo lo que se mueva.
Un verdadero pervertido.

¿III?

Susana dijo...

Ah, este chico... se te define exactamente ahí: "dilatar los ojos", eso es lo que tú haces. Voy a beberme Trobriand a grandes dosis... las pupilas se me han empequeñecido por la ausencia. Gracias por siempre engrandecer la pantalla, el ojo, lo que dé de sí la cabeza...

Besos grandes grandes grandes...

Bashevis dijo...

Pablo;

Grande Ray. Lo de la hija de Varda es una anécdota preciosa, si, jeje. Ciertamente todo tiene su punto, pero me limito a poner los extractos que más me llaman la atención; al hablar de otros artistas que me gustan, hacer declaraciones que puedan darme más que pensar, o simplemente mandar a la pira las escuelas de cine!

¿III? Si. Y presupongo que muchos más…quedan más de la mitad.

Saluz.

Susana;

Bueno, esa dilatación que señalas ciertamente es uno de mis dogmas probablemente. Hace falta educar el ojo para enfrentarse a cierta clase de “expresiones”.

Lo esencial es saber ver,
Saber ver sin estar pensando,
Saber ver cuando se ve,
Y no pensar cuando se ve,
No ver cuando se piensa.

Luego, claro, también me gusta la expansión de la pantalla. Por ello enlace al Expanded Cinema de Youngblood en su dia… fuego a la pantalla.

Un beso, Susana.