
Esta nube tronó sobre el camino, a unas sesenta toesas de donde estábamos. Dos caballeros que venían de Tolosa, nuestro destino, y que estuvieron expuestos a la tormenta, se vieron obligados a usar sus abrigos; pero la tormenta los sorprendió y los asustó, ya que se vieron víctimas de una lluvia de sapos! Aceleraron su marcha y se apresuraron; al encontrar la diligencia nos contaron lo que les acababa de suceder. Vi entonces que al sacudir sus abrigos delante de nosotros, cayeron pequeños sapos.
Fragmento de la carta de M. Pontus, profesor de Cahors, dirigida a M. Arago (1836)
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